
La democracia sólo puede querer el bien para Venezuela
Así como Bolívar es asumido como conspicuo símbolo de las lealtades comunes del pueblo venezolano, porque según su percepción básica, Bolívar solo puede querer el bien para Venezuela, así el 23 de enero de 1958 se transmutó en el tiempo, por la profunda introyección de la libertad como valor ascensional, en el símbolo de su vocación democrática, porque la democracia, por su natural característica participativa e igualitaria, en cuanto cada quien según sus capacidades, no puede querer sino el bien para Venezuela. Esa definición no había sido considerada por los ideólogos de la "gendarmería necesaria" que consideraban que esta era "la forma de gobierno genuinamente venezolana, generada por el atavismo racial de la mezcla del indio flojo, del negro bruto y supersticioso y del blanco ladrón, donde las masas carecen de conciencia sobre principios elevados y sobre moralidad, y obedecen fundamentalmente a sus instintos que no los frena ni sujeta sino tan solo la presencia subyugante y magnética del caudillo. De allí que las formas ideales importadas de Europa, bajo la denominación de constituciones escritas, de derechos políticos, de igualdad jurídica, de libertad, de federalismo, etc., no signifiquen nada para un pueblo que ni las conoce ni les emociona. Por ello en su aplicación práctica, esos esquemas se han estrellado contra la realidad del caudillo, único capaz de consolidar el orden y de poner cese a sus desbordamientos atávicos". Imposible mayor insulto para una ciudadanía que, mayoritariamente, en los primeros cuarenta y cinco años hasta 1998, de los 177 de su republicanismo (1830), ha luchado por su movilidad social, para liberarse de atavismos indignantes y para suprimir de su realidad política la tiranía como forma inapelable de gobierno, precisamente sustantivada aquel 23 de enero de 1958 que recordamos en esta conmemoración en pie de lucha contra la amenaza despótica del estatismo político y socioeconómico, en el feraz surgimiento consciente del concepto de ciudadanía inherente a la concepción de democracia y libertad como valores fundamentales de la humanidad.
El 23 de enero de 1958 alba prodigiosa de la democracia venezolana
El 23 de enero de 1958 alba prodigiosa de la democracia venezolana
El 23 de enero de 1958 comenzó a gestarse un país que pasó en cuarenta y nueve años, de 7.500.000 habitantes, crecimiento que le había costado 161 años, contados a partir de 1800, a 26.000.000 de venezolanos, aproximadamente, porque el Instituto Nacional de Estadísticas mantiene fuera de acceso su página web. Y fue la democracia la que permitió nacer a todos los hombres y mujeres que hoy conforman su gentilicio, y con inusual generosidad dio cabida y cobijo a millones de otras nacionalidades que avizoraron su futuro en esta tierra de gracia y que con orgullo hoy llamamos compatriotas. Como ejemplo contrastante debo citar a Cuba, símbolo de la reacción de la actualidad, país que para 1959 tenía la misma población que Venezuela, y que hoy, cuando nosotros somos 26 millones, apenas llega a los once millones de sonámbulos obsecuentes y de doble moral. Se cometió en las narices de la humanidad el más grande genocidio de la historia impidiéndole nacer, selectivamente, a millones de seres humanos, instalando depravadamente una sólida industria cosmética con la placenta de millones mujeres obligadas a abortar. La democracia venezolana permitió que nacieran útiles e inútiles, pacifistas y violentos, vagos y esforzados, todos nacieron. A sabiendas de que esta permisividad acarrearía serias dificultades por el colapso de los servicios públicos. Pero nacieron todos. Y cada día mejoró el sistema de asistencia médica y aumentó la posibilidad de nacer vivos más venezolanos, como es el caso de los pueblos indígenas que hoy pueden contarse en cerca de 400.000 individuos, cuando estaban casi extinguidos antes de que la democratización de la medicina los alcanzara. La misma oportunidad para aquellos que luego transitaría el camino del crimen y el deshonor, como para quienes elegirían el del trabajo y el estudio. La misma oportunidad para todos, y solo por eso la democracia merece el respeto de todos los venezolanos. Porque les permitió vivir. La vida y su calidad ya es responsabilidad suya. No del Estado. Suya. Y si algún reclamo debemos hacer a la democracia es la de no haber ejercido la fuerza necesaria para formar demócratas de todos sus ciudadanos y permitir que los enemigos de la democracia se enquistaran en las universidades desde cuyas cátedras introyectaron su mensaje liberticida. Pero por esto, y a pesar de todo, Venezuela está condenada a ser grande por su gente. Grande por sus hombres y mujeres libres y no por sus recursos naturales ni por su arquitectura turística. Porque un país, como lo dijera Gallegos, se mide por la cantidad de hombres libres que posea. Que será rico por la laboriosidad de su gente y no por su petróleo. Ese es el sueño reiterado este 23 de enero. Por todo ello como acertadamente lo dijera Arturo Uslar Pietri: "El 23 de enero será en el símbolo, lo que fue en la realidad, el alba prodigiosa del duradero día de la democracia venezolana".
La dictadura es un antivalor
La dictadura es un antivalor
Las dictaduras de izquierda o de derecha, que obligan y prohíben, o los sistemas estatistas como el comunismo que además resignan la ciudadanía creando un parasitismo masificado, son antivalores, porque privilegian logros materiales subordinando la condición humana, lo que propende la supervivencia de la población por la sumisión. Hay que recordar que una nación progresista no es otra que la que organiza sus especificidades individuales en función del bienestar colectivo.
Evolución vs revolución
Evolución vs revolución
Es imperativo, para el cabal manejo de los conceptos políticos que hoy se conjugan en el escenario público venezolano, definir a cabalidad los vocablos que utilizamos, uno de ellos es revolución y su derivado revolucionario, tristes rémoras, en cuanto a política se refiere, de épocas criminales, sin valoración por los derechos de la humanidad, y de total desprecio por la vida, cuya desolación ha llegado a nuestros días. A la revolución, que es pre política por su barbarie impositiva, se antepone en la modernidad la política, que es disenso, discusión, negociación, acuerdo, civilización, elección por mayoría. Así que toda revolución es pre política. Ante el poder de la violencia sobra el diálogo. El que no está conmigo está contra mí. Carece de derechos. Por ello la revolución se acata o se combate, considero inútil pretender dialogar con quien tiene preconcebido un modelo de sociedad, excluyente, tanto de la individualidad como de la pluralidad, cuya imposición se consolida sobre el pueblo humilde a través del poder intimidatorio de la turba, estimulada por la promesa de impunidad, y debidamente "idologizada" para comprometer su incondicionalidad al líder, protegida por una parainstitucionalidad ilegal, cuyo componente paramilitar, surgido de la misma turba, entrenado por traidores institucionales, pretende sustituir la Fuerza Armada, en la imposición de la fórmula ceresoliana, que execra a los partidos políticos, líder, pueblo, ejército. El peligro antidemocrático subsiste bajo un hipócrita discurso "democrático", que se evidencia en realidad enemigo de la democracia al preconizar la igualdad, que puede ser impuesta nivelando por debajo, por encima de la libertad. Frente a esos términos reaccionarios, que evocan muerte y destrucción, hay que elevar la bandera de la evolución, y evolucionario sería su correspondiente seguidor, palabra que reivindico por su impecable raíz castellana. Evolucionario es quien asume el crecimiento desde lo construido, quien lucha por la equidad y el equilibrio social, desde la democracia y la libertad, respetando las diferencias y las singularidades. El evolucionario debe levantarse como pendón civilizador frente al decimonónico revolucionario retrasado, reaccionario, depredador y nocivo para la salud de los pueblos.
La democracia necesita demócratas
La democracia necesita demócratas
Ser demócrata significa que hemos introyectado que los derechos de la minoría o de los disidentes no se verán atropellados o conculcados por la mayoría. Es decir que debo respetar el derecho del otro aun cuando mi fuerza o mi poder me permitan conculcárselo. Que la debilidad del otro, niño, mujer, anciano, significa para mí una orden de respeto. Un demócrata conoce por intuición que el diálogo y la tolerancia como espíritu de justicia y el respeto por el otro, el respeto por la diversidad, y la responsabilidad con el planeta y el medio ambiente son expresiones elevadas de la cultura humanitaria. Que el Estado está al servicio de todos, no de la parcialidad política afecta al régimen. Que mientras el fascismo propugna el partido único, el líder único, el sindicato único, el pensamiento único, sustentado por un poderoso que centraliza la economía y las instituciones y deposita en sí todos los poderes públicos, la democracia pluraliza el pensamiento y sus manifestaciones políticas, respeta el derecho de los trabajadores a asociarse en la defensa de sus reivindicaciones, regionaliza el liderazgo y propende a la municipalización de la administración pública, y se sustenta en la Constitución y las leyes, cuyo cumplimiento optimiza su ejercicio.
Una definición de democracia ajustada al ideario de Bolívar
Una definición de democracia ajustada al ideario de Bolívar
La democracia se ha definido tradicional y simplistamente, por una premisa de Montesquieu, y sin mayor revisión ni adecuación posterior a las dinámicas políticas actuales, como "gobierno del pueblo", con lo que sirve como fachada para cualquier andamiaje tiránico sustentado por una muchedumbre desclasada seducida por la promesa de dormir comida. La definición académica no se aleja mucho de esta primera referencia y sostiene que la democracia es un "régimen político en el cual la soberanía pertenece al conjunto de los ciudadanos sin distinción, es decir, al pueblo", y la divide en representativa, autoritaria y social. La frase "régimen político" con la que se inicia esta última definición refiere a "conjunto de reglas o normas" es decir "sistema". Y desde este punto adelanto una definición que asume lo sistémico como garantía de perdurabilidad, acorde con nuestras realidades y esperanzas, y sustentada en el enunciado de Bolívar en su Discurso al Congreso de Angostura: Democracia es el sistema político cuyos atributos son el Estado de Derecho, la celebración de elecciones libres, periódicas y justas, un régimen plural de partidos políticos, el respeto a los derechos humanos y a las libertades públicas, especialmente la libertad de asociación y de expresión, y cuyos gobiernos están sujetos a las normas constitucionales establecidas por la ciudadanía en el libre ejercicio de su soberanía, regido por los principios capitales de la división de poderes y el equilibrio de las autoridades y consagrado a producir la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política.

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